Pioneros de Siempre

Quienes visiten la ciudad de Río Turbio se han de sorprender por lo pintoresco de su trazado urbanístico, con sus calles que suben y bajan; por el variado material utilizado en la construcción de los edificios; por los hermosos cerros que la encierran y también por el bosque cercano pleno de trinos de aves en los días soleados y donde el observador puede apreciar los movimientos del inquieto pájaro carpintero en lo alto del tronco de alguna centenaria lenga o el bullicio que provocan los grupos de loros australes en sus vuelos rápidos, de copa en copa.

Pero hay más, los arroyos serpenteantes como el Santa Flavia que naciendo en la frontera, se desliza murmurante a lo largo del “Bosque de Los Duendes”, entre árboles de lengas y ñires y coloridas rocas, hasta alcanzar el río Turbio, muy abajo.

Pero lo que no podrá escapar en la observación del visitante es el espejo de agua o embalse casi pegado a la Ciudad y que además es un reservorio natural de aves acuáticas.

Justamente se trata del llamado Dique San José.

Dique San JoseEste embalse  alimentado por dos pequeños cursos de agua que corren por el mismo valle pero provenientes de direcciones opuestas, de 200 metros aproximado de largo en su frente y construido con el estéril del carbón (lo que se desecha del mineral), y contenido en sus lados por elevaciones naturales, fue construido en la década del 50 ante una gran sequía que afectó la zona de Río Turbio. El impulsor de la obra fue el ingeniero Enrique Fette, en ese entonces administrador del yacimiento de carbón.

Durante la época invernal y a consecuencia de las bajas temperaturas, las aguas se congelan y toda la superficie del dique se convierte en una gruesa capa de hielo que es aprovechada por jóvenes audaces para patinar en toda su extensión. Una práctica muy común en años pasados, sobre todo.

Después, con la llegada de la primavera y  temperaturas más altas, la capa de hielo se fractura y luego desaparece convertida en agua y todo vuelve a la normalidad con la presencia de las aves acuáticas, entre las que se pueden apreciar diversas especies de patos de vistosos colores.

Transcurrirían los años hasta que en 1965, precisamente un 7 de noviembre, en una jornada de pleno sol y temperatura más que agradable, la tragedia marcó ese reservorio casi natural de agua alimentado por dos pequeños arroyos que fluyen en el valle.

Esa tarde soleada se presentaba brillante y se ofrecía para ser gozada plenamente. Y así lo creyeron los dos jóvenes de ese entonces: Juan Manquián Guzmán de 28 años de edad, natural de Chiloé (Chile) y su amigo Roberto Terzaghi, nacido en la provincia de Entre Ríos, sin saber que  ya el destino había tejido con los hilos obscuros de la tragedia esa jornada tan agradable y serena donde ellos serían los actores principales con el transcurrir de las horas. El primero se desempeñaba como chofer en la Cooperativa Río Turbio de Consumo Ltda. de la  Cuenca y el segundo en la empresa Yacimientos Carboníferos Fiscales.

Los dos amigos decidieron tomar un bote y navegar con la ayuda de un par de remos el hermoso embalse de b_200px_139px_16777215_00_images_Articulos_pequenas_historias_Juan_Manquian.jpgagua cercano a la Ciudad, en ese día tan especial de noviembre. Los primeros momentos fueron de plena alegría. Los rayos del sol sobre la superficie del agua producían infinidad de reflejos que eran devueltos hacia el aire tibio por imperio del espejo de plata en esa tarde prometedora.

Así lo hicieron. El bote se desplazaba lentamente hacia el centro del embalse impulsado por la fuerza de los remos. Pero de pronto la euforia se transformó rápidamente en desesperación. Y fue cuando por causa de un movimiento brusco o de alguna mala maniobra el bote perdió su estabilidad y se dio vuelta arrojando a los dos amigos a las frías aguas del embalse San José.

Luego de la sorpresa, los dos jóvenes en su desesperación trataron de mantenerse en la superficie, lográndolo Terzaghi que a nado pudo ganar la orilla,  no así su compañero Manquián, el  que desapareció prontamente tragado por las aguas.

Alertado personal de Gendarmería y de la Policía, pusieron todos los recursos disponibles para el rastreo, pero los esfuerzos fueron en vano. Días subsiguientes prosiguió la búsqueda con el mismo resultado y fue entonces que se solicitó la colaboración de buzos de la ciudad de Punta Arenas, los que finalmente dieron con el cuerpo del desafortunado Juan Manquián, el que se encontraba en el fondo atascado entre  plantas acuáticas.

Juan Manquián fue velado en el domicilio del gerente de la Cooperativa donde recibió el último adiós de compañeros y vecinos y luego sepultado en el cementerio local, donde descansa para siempre en la cercanía de la cruz mayor.*


 

 

Comentarios   

#1 Roxana Rubins 23-07-2012 21:50
Tanto el dique como la pileta fueron diseñados por el Ing. Federico Mariani, papá de mi amiga Iole. El falleció hace más de 10 años, los demás seguimos apreciando sus aportes al pueblo.
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