Pioneros de Siempre


Momento 1

No sabes que cuando comienzan las sombras a adormecerse

recostadas contra los perfiles de las cosas que nos son familiares y comunes,

es cuando sentimos el peso de los años en forma irritante sobre nuestras

espaldas,

sobre nuestros ojos

habituados a lo salobre de las lágrimas, sobre nuestra boca

que sabe del sabor de la miel

y de la hiel.

Los labios

que saben de apretadas,

de los dientes

que saben de desgarrar vecinos labios que se desangran en líquidos incoloros y comunes.

Y nuestros pasos

ya marcados y sin posibilidades de regreso, que se arrastran sobre el barro diario del caminar este paisaje tan bello como salvaje,

tan acogedor como sin compasión,

con el que titubea en momentos de turbación y duda.

Esta Patagonia de vientos blancos que nos tiran de la piel

como queriendo arrancarnos esa capa sensual y querida.

La inmensidad que nos agota,

nos turba,

nos achica

y nos agranda,

nos levanta y nos derrumba.

Nos sentimos perdidos en sus montañas

y en sus desiertos.

Y nos incluimos naturaleza al beber de sus cho­rrillos

y nos volvemos viento

al ahogarnos en sus ráfagas.

Y nos sentimos nieve

cuando agotados encontramos la paz.

Y nuestros hijos crecen en fortaleza y lucha,

porque nada se les hace fácil,

porque les es común lo riguroso del clima y de la aspereza del vivir en contacto con la naturaleza.

Porque saben del no poseer lo que en otros lugares es natural y no se aprecia.

Porque aquí se vive sintiendo a Dios en las quebradas,

en los cielos extraños,

en esos atardeceres inigualables,

en esa inmensidad que nos lastima los ojos

y nos seca la garganta.

Dios está más cerca de nosotros aquí que en la impersonalidad de la ciudad con sus comodidades y su confort.

La poesía golpea en la piel

y la música es común en el viento que nos trae su sinfonía de poder,

de eternidad.

Patagonia nuestra de cada frío,

de cada sonrisa,

de cada miedo...

Por eso de nuestra bronca profunda por esos serviles y mercenarios que de tanto en tanto,

como el sol,

asoman a nuestras vidas

y después de estacionarse horas

a nuestro lado

vuelven a sus confortables y abrigadas oficinas para historiar nuestra Patagonia realizada a fuerzas de sacrificio,

de angustias,

de sangre,

de lágrimas,

de vivencias profundas.

Porque nuestro vivir es futuro,

no pertenece a este tiempo.

Es para otros,

para esos

que tal vez mañana vengan a vivir lo que antiguos hicieron tan mal...

Como dijimos nosotros al llegar,

como dirán sus nietos,

como murmuraron nuestros padres...

Mientras tanto sigue la nieve en su sinfonía blanca

y el viento en su sinfonía inconclusa...

Y la piel resecándose al frío eterno

y la garganta al alcohol reparador.

Y ese mate

nacido hace siglos tan lejos,

radicado para siempre en lo austral de nuestro suelo.

Y se hace vivencia la música de Piazzolla, la que acompaña nuestros pasos,

confundiéndose con la música natural de este Río Turbio tan perseguido,

tan maltratado,

tan mal entendido.

Y cuanto más se nos esconde

y se nos desdibuja

y se nos desfigura,

más nos aferramos a nuestro suelo

escapado de algún larga duración de Astor...

Ricardo Abel Nogueira


 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar




Flag Counter